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Mientras nos mantenemos firmes sobre el terreno adecuado con todos los equilibrios apropiados, estaremos aqui hasta que el Señor regrese. Nada puede superar este camino o este testimonio.



1.12.12

BABEL, BABILONIA Y BABILONIA LA GRANDE: LOS RESULTADOS DE LA DIVISIÓN


Lectura bíblica: Gn. 2:9b, 17; 11:4, 9; 1 R. 12:26-30; 15:34; 2 Cr. 36:5-20; 1 Co. 1:11-13a; Ap. 17:3-5

DOS LÍNEAS

Hay dos líneas en la Biblia: la línea de la vida y la línea de la muerte. Estas dos líneas proceden de las dos fuentes que existen en el universo. Una de las cuales es Dios, y la otra es el diablo, Satanás. Además, cada una de estas líneas tendrá un resultado particular. La línea de la vida comienza con el árbol de la vida y termina con la Nueva Jerusalén. La línea de la muerte comienza con el árbol del conocimiento del bien y del mal, pasa por Babilonia la Grande y termina en el lago de fuego. La unidad proviene de la línea de la vida, se origina en Dios y produce la Nueva Jerusalén. La división, al contrario, surge de la línea de la muerte, se origina en Satanás, culmina en Babilonia la Grande y, finalmente, acaba en el lago de fuego. Si queremos ver esta gran verdad en cuanto a esta unidad tal como lo presenta la Biblia, tenemos que entender claramente estas dos fuentes, dos líneas y dos resultados. Entonces sabremos a cuál línea pertenece la unidad y a cuál la división.



Muchos cristianos son descuidados y permiten la división porque no ven la seriedad de estas dos líneas. Nunca consideren que la división es algo insignificante. La división es extremadamente seria, es un asunto de vida o muerte. Ser partícipes de la unidad es ser partícipes de la vida divina, pero estar en división equivale a estar en muerte. En el capítulo anterior indicamos que la esencia de la unidad es la vida y la luz. En este capítulo veremos que el resultado de la división es en primer lugar Babel, después Babilonia y finalmente Babilonia la Grande.

25.6.12

EL RECOBRO Y EL MINISTERIO UNICO

En la Biblia, Dios nos revela únicamente dos ministerios, uno es el del Antiguo Testamento o antiguo pacto, y el otro es el del Nuevo Testamento o nuevo pacto. Pero en realidad ambos ministerios son uno solo, tal como el Antiguo y el Nuevo Testamento conforman una sola Biblia con dos partes o secciones. La palabra Biblia significa “el Libro” y alude a los escritos santos de Dios, las Santas Escrituras. La palabra Escrituras significa “los Escritos”, de manera que estas dos expresiones se refieren al mismo libro. Dios no tiene dos Biblias; Él tiene solamente una Biblia, la cual está compuesta por dos secciones: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Del mismo modo, el ministerio de Dios es uno solo, pero consta de dos secciones: la sección antigua y la nueva. El Antiguo Testamento fue simplemente una preparación para lo que habría de venir, esto es, para el Nuevo Testamento.
Debido a todas las divisiones y la confusión que por varios siglos ha imperado entre los cristianos, es muy necesario recalcar que hay un solo ministerio. Lo que más daño produce entre los cristianos son las divisiones y las confusiones. Además, la causa de las divisiones y confusiones imperantes entre los creyentes es una sola: la existencia de diferentes ministerios.
Debemos entender claramente que el fundamento de todas las denominaciones y el factor que produce cada denominación, son sus ministerios particulares. Si hoy día todos los cristianos estuvieran dispuestos a que el Señor les quite sus diferentes ministerios, todos ellos serían uno.
Después de estudiar la Biblia y laborar en ella por muchos años, hoy podemos afirmar que el ministerio de Dios consiste en valerse de Sus vasos escogidos para llevar a cabo Su economía, es decir, para cumplir Su propósito eterno al impartirse en Su pueblo escogido a fin de que éste le exprese. Dios necesita hombres, Sus vasos escogidos, a fin de llevar a cabo Su economía.

En el recobro del Señor hay un solo ministerio. Si usted dice que el ministerio es mi ministerio, debe decirlo con la comprensión de que lo que yo ministro es el ministerio del Nuevo Testamento. El ministerio del Nuevo Testamento fue encargado por el Señor Jesús a Sus doce Apóstoles y luego a Pablo y sus colaboradores. El hermano Nee tenía un entendimiento claro de que había únicamente un solo ministerio. El ministerio de la economía de Dios en el Nuevo Testamento es uno. Todos los que sirven, los ministros, deben participar del mismo ministerio
En el recobro en el ministerio de Dios, no hay libertad de predicar lo que nos guste predicar ni de enseñar lo que nos guste enseñar. Nuestra predicación y nuestra enseñanza tienen que ser restringidas bajo el liderato y por la revelación de la economía neotestamentaria de Dios. Si alguien en el recobro del Señor empezara a enseñar, a enfatizar o a promover algo contrario o diferente a la economía neotestamentaria de Dios, sería necesario que cierto liderato restringiera eso. Entonces no habría confusión. Nunca habría confusión en el recobro del Señor si todos nosotros tuviéramos una revelación clara del ministerio en la economía neotestamentaria de Dios.
El liderato en el ministerio neotestamentario en realidad no es el liderato de cierta persona que controle. En el recobro del Señor nosotros rechazamos la idea de que una persona controle a la gente y los asuntos. Es verdad que tenemos cierto liderato, pero no tenemos el liderato de una sola persona que controla. En lugar de eso, tenemos el liderato de una sola revelación que controla en el ministerio único por medio de aquellos que traen la revelación del ministerio. La revelación controla, y lo hace por medio de los que traen la revelación. La revelación en el recobro del Señor nos controla y nos restringe.

EL MINISTERIO UNICO


En este capítulo queremos tener comunión sobre el ministerio y los ministros neotestamentarios. El ministerio de la economía neotestamentaria es singular y único, pero los ministros de la economía neotestamentaria son numerosos. En enero de 1937 el hermano Nee dio una serie de mensajes sobre la vida de iglesia en los cuales nos dijo que todas las personas dotadas, tales como los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, fueron dados al Cuerpo por la Cabeza para la obra del ministerio único. El habló fuertemente sobre la obra del ministerio único. En 1969 me invitaron a cierta localidad donde el hermano responsable insistía en que él aceptaba todos los ministerios. Yo enumeré varios “ministerios” y le pregunté si los podría recibir. Se vio obligado a decir que aceptaba todos los ministerios selectivamente. Aunque no quiso decirlo, esto fue una confesión de que no recibía todos los ministerios. Ni siquiera las denominaciones en el cristianismo reciben todos los ministerios. Los bautistas del sur nunca podrían aceptar el ministerio de los presbiterianos, mientras que los presbiterianos nunca podrían aceptar los ministerios de los episcopalistas o de los luteranos. Tampoco aceptaría la Iglesia Católica Romana los ministerios de las denominaciones protestantes.
Hasta aquí, hemos visto que en la economía de Dios hay una sola meta y que Dios ha ordenado un solo camino para alcanzar esa meta. Además, a fin de tener el camino único para la meta única debemos estar en la enseñanza y la comunión de los apóstoles. No se puede ver el camino único para la meta única en el cristianismo de hoy porque ellos no están en la esfera de la enseñanza y la comunión de los apóstoles. Hay muchas diferentes enseñanzas en el cristianismo de hoy. Todas estas diferentes enseñanzas hacen que la gente entre en diferentes comuniones, y las diferentes comuniones son divisiones en confusión. En el recobro del Señor nosotros hemos sido traídos al camino único para la meta única conforme a la enseñanza de los apóstoles para estar en la comunión única de los apóstoles. El factor preservador que nos guarda en el camino único para la meta única es la enseñanza y la comunión de los apóstoles. Si permanecemos, vivimos y tenemos nuestro ser en la enseñanza y la comunión de los apóstoles, podemos tener el camino único para la meta única. Si no, seremos descarriados a una situación divisiva y no tendremos la conciencia de que estamos en algo erróneo. Podemos servir a Dios conforme a Su economía neotestamentaria solamente al tomar la enseñanza de los apóstoles y permanecer en la comunión de los apóstoles.

Todos nosotros tenemos la libertad de tocar las puertas de la gente y establecer reuniones en casa. De estas reuniones en casa podemos levantar una iglesia local. Pero si hacemos esto de modo independiente, sin relación con ninguna iglesia, lo que levantaremos será una secta independiente. Una apropiada iglesia local está relacionada con otras iglesias. Debemos acordarnos de que hay iglesias en la tierra que ya existen. Cuando se establezca una nueva iglesia, está debe relacionarse con las demás iglesias que ya existen. Tener comunión con las demás iglesias nos mantiene en la apropiada comunión de los apóstoles, lo cual significa que seremos guardados en la verdadera unidad del Cuerpo de Cristo. Predicar el evangelio, bautizar a la gente y establecer reuniones en casa no se relacionan con la comunión de los apóstoles. Pero convertir esas reuniones en casa en una iglesia local en cierta localidad, eso sí tiene que ver con la comunión de los apóstoles. Tener una comunión independiente en una localidad es divisivo. Por otro lado, los hermanos responsables en la iglesia no deben controlar a los santos. No deben adoptar la actitud de que los santos necesitan obtener permiso de ellos para levantar la vida de iglesia en cierto lugar. Pedir a los santos que obtengan su permiso es ejercer control sobre los santos. El practicar esto es no guardar la unidad de la comunión de los apóstoles.
debemos tener presente que estamos en el recobro del Señor, y la primera característica del recobro del Señor es la unidad. Si perdemos esta unidad, estaremos acabados y ya no seremos más el recobro del Señor. Por eso, debemos estar conscientes de que existe el peligro de que se introduzcan opiniones y enseñanzas diferentes que puedan dañar la unidad.  La bendición que siempre desciende de Dios a Su recobro tiene como base la unidad (Sal. 133). Si perdemos la unidad, perderemos la bendición.

CINCO ASPECTOS DE NUESTRA NORMA


Al llevar a cabo el ministerio neotestamentario, el Señor Jesús nos dijo que Él nunca hizo nada por Sí mismo (Jn. 5:19), que no llevó a cabo Su propia obra (4:34; 17:4), que las palabras que Él dijo, no las dijo por Su propia cuenta (14:10, 24), que no hizo nada según Su propia voluntad (5:30) y que no buscaba Su propia gloria (7:18). Si nos valemos de estos principios para fijar una norma según la cual midamos toda obra cristiana hoy, comprobaremos que casi todas las obras cristianas no se conforman a esta norma. ¿Quién podría afirmar que al participar en la obra del Señor no hace nada por su propia cuenta? ¿Quién podría asegurar que al laborar no realiza su propia obra y que al hablar no habla por su propia cuenta? ¿Quién podría declarar que no realiza nada según su propia voluntad y que no busca su propia gloria? Si podemos afirmar que cumplimos con estos cinco principios, ciertamente tomamos parte en el ministerio neotestamentario de Dios. De otra manera, nos hemos descarriado.

Nuestra constitución no debiera ser meramente algo de lo cual estamos recubiertos, sino que debe ser algo que se haya forjado en nuestro ser. Babilonia la Grande está adornada, o recubierta, de oro (Ap. 17:4), pero el candelero es de oro en su esencia intrínseca. Es de oro intrínseca, básica y esencialmente. En el caso de muchos de nosotros, estamos apenas recubiertos de oro; y lo que está apenas recubierto de oro no podrá pasar la prueba de las “raspaduras”. Una leve raspadura pondrá al descubierto la verdadera naturaleza de una cosa. Si verdaderamente somos de oro, tales “raspaduras” únicamente pondrán de manifiesto que somos de oro. Incluso si alguien pudiese “hacernos pedazos” y luego “molernos hasta pulverizarnos”, ello únicamente mostraría que no solamente somos dorados, sino que somos de oro. Si nuestra naturaleza es la del oro, ello podrá pasar por toda clase de pruebas. El recobro del Señor no valora lo externo, sino lo básico, lo intrínseco, lo esencial.

El tráfico terrestre debe seguir ciertas normas, e incluso el tráfico aéreo tiene sus propias normas; de otro modo, se perderían muchas vidas. Asimismo, para interpretar la tipología de la Biblia, las profecías de la Biblia, así como cualquier pasaje de la Biblia, existen ciertas normas y principios básicos que deben ser respetados.


Si hemos de ser serios con el Señor, debemos tener parte en el auténtico ministerio.

 

11.4.12



PERTENECER A LA IGLESIA
Cualquiera que desee pertenecer a una iglesia en cierta localidad debe satisfacer dos requisitos: debe ser un hijo de Dios y debe vivir en esa misma localidad. Ser miembro de la iglesia de Dios se estipula sólo por el hecho de ser hijo de Dios, pero ser miembro de una iglesia de Dios se estipula en primer lugar por el hecho de ser hijo de Dios y en segundo lugar por el hecho de vivir en cierta localidad.Es sólo porque residimos en un lugar diferente que pertenecemos a una iglesia diferente. La única razón por la cual no pertenezco a la misma iglesia que otros creyentes es que no vivo en el mismo lugar geográfico que ellos. Si deseo estar en la misma iglesia, entonces debo cambiar mi domicilio al mismo lugar. Si, por otro lado, deseo estar en una iglesia diferente de la de aquellos en mi localidad, entonces la única solución a mi problema es mudarme a una localidad diferente. Lo único que justifica la división entre creyentes es la diferencia de localidad.

La vida cristiana normal de la Iglesia. Watchman Nee.

5.12.11

LA NECESIDAD DE RELACIONARSE CON OTRAS IGLESIAS LOCALES



La iglesia está compuesta de los “santos llamados” (v. 2d): la iglesia de los santos, los santificados, los que han sido llamados y sacados del mundo satánico. Nosotros hemos sido llamado por Dios para ser santificados en Cristo. Ya no estamos en el mundo; estamos en la iglesia, la cual ha sido llamada por Dios y santificada en una persona maravillosa, Cristo, quien es nuestro elemento por dentro y nuestra esfera por fuera.


la iglesia genuina es la iglesia de Dios, es la iglesia en una localidad, está santificada en Cristo, y está compuesta de los santos llamados. El versículo 2e continúa con el quinto requisito: “Con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Esta frase larga indica que la iglesia genuina está relacionada con todos los santos que invocan el nombre del Señor Jesucristo en todo lugar por todo el mundo. Pablo no hace mención de la iglesia como la que está relacionada con todos los que han sido bautizados por inmersión o con todos los que hablan en lenguas o guardan el sábado. Más bien, la iglesia está relacionada con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, incluyendo a los creyentes de hoy, los que nos antecedieron y los que vendrán después.


Estar relacionados con todos los santos nos guarda de ser sectarios, de estar aislados o divididos. Sin importar las prácticas particulares, estamos relacionados por Dios en Cristo con toda clase de cristianos, y sin considerar donde estemos, no podemos separarnos de ellos. Sin esta relación, nos quedaríamos aislados y divididos. Si no tenemos nada que ver con otros creyentes, no somos una iglesia local. Más bien, somos UNA SECTA LOCAL, una división local, aunque no tenga un nombre especial, Tenemos que estar abiertos en todo aspecto. Nosotros estamos abiertos a todos los que invocan el nombre del Señor Jesús, sin importar sus prácticas particulares.Un viento de enseñanza que algunos están promoviendo es que toda iglesia local debe ser absolutamente autónoma. La iglesia local es establecida con base en el principio de que debe haber una sola iglesia en una ciudad. En cierto sentido, la administración es por localidad. Por ejemplo, si una iglesia debe partir el pan el día del Señor por la mañana o por la noche, o si debe reunirse en un edificio central o en docenas de salones de reuniones, son asuntos relacionados con la administración local de una iglesia local. Sin embargo, por otro lado, la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Es universal. Todos los millones de creyentes salvos a través de los siglos están en este Cuerpo. La vida que está en este Cuerpo es el pulso vital de cada miembro. Es semejante a la circulación de la sangre; uno jamás puede separarla conforme a los diferentes miembros. Refiriéndonos a los diferentes miembros de nuestro cuerpo, tal vez digamos que ésta es la mano y ése es la pierna. No obstante, en lo que a la circulación de la sangre se refiere, no podemos decir que ésta es la sangre de la mano y que ésa es la sangre de la pierna. Por lo tanto, la administración de una iglesia local es, por un lado, local en su administración, pero por otro, no está aislada en su comunicación. No solamente vemos que las iglesias comparten mutuamente las finanzas, sino que también hacen lo mismo con respecto a otros asuntos prácticos. Las iglesias de diferentes localidades se administran por separado, pero no están completamente separadas la una de la otra. Ellas siguen siendo el Cuerpo de Cristo universal y corporativo. Todo el que haga hincapié en la autonomía o independencia de una iglesia local está yéndose a un extremo. Eso destruye la unidad del Cuerpo de Cristo.


Si una iglesia local se aisla y solo tiene relacion con las denominaciones ( y no tiene relacion con otras iglesias locales) se convierte en una SECTA LOCAL, esta es una señal de una verdadera iglesia local.

21.8.11

¿QUIENES SOMOS?

(El siguiente es un mensaje dado por el hermano Watchman Nee en enero de 1934 en la ciudad de Shangai, como parte de la tercera conferencia sobre los vencedores. Este texto se basa en notas que el hermano K. H. Weigh tomó en aquella ocasión.)

Lectura bíblica: Juan 1:22; 2 Pedro 1:12

Quisiéramos contestar la pregunta: ¿quiénes somos? O sea, ¿qué estamos haciendo aquí? En el pasado hemos hablado poco al respecto porque éste es un tema delicado; por eso, no hemos querido hablar de nosotros mismos. No obstante, pese a que no hemos mencionado el tema, frecuentemente se nos pregunta: ¿Quiénes son ustedes? Algunos dicen que somos “La iglesia del avivamiento”, otros nos llaman “La manada pequeña”, y otros dicen que somos la iglesia de “El cristiano” [N. de T.: Watchman Nee publicaba en China una revista llamada El cristiano]. Por tanto, nos gustaría dar respuesta a esta pregunta.

Primeramente, debemos aclarar que no somos otra denominación, ni otro grupo faccioso, ni un movimiento nuevo ni una organización nueva. No estamos aquí para unirnos a otro grupo ni para formar nuestra propia facción. Si no tuviéramos una comisión y un llamamiento especial de Dios, no se justificaría nuestra existencia. Estamos aquí debido a que Dios nos hizo un llamado especial.

CONFIRMADOS EN LA
VERDAD PRESENTE

En 2 Pedro 1:12 se menciona la expresión “confirmados en la verdad presente”, lo cual también puede ser traducido “confirmados en la verdad actual”. Pero, ¿cuál es la verdad “actual”? Todas las verdades constan en la Biblia, y no hay ninguna que no esté escrita allí; sin embargo, muchas verdades se han perdido o han estado escondidas debido a la insensatez del hombre, su infidelidad, su negligencia y su desobediencia. Las verdades han estado en las Escrituras, pero el hombre no las podía ver ni tocar. Mas cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios sacó a la luz verdades específicas durante lapsos específicos y permitió que éstas fueran reveladas una vez más.

Las verdades reveladas recientemente no son inventos nuevos de Dios, sino descubrimientos que el hombre hizo. No hay necesidad de inventar nada, pero sí de descubrir. En las generaciones pasadas, Dios ha revelado diferentes verdades. Durante épocas particulares, El ha permitido que el hombre descubra verdades específicas; este hecho se ve claramente en la historia de la iglesia.

Tomemos como ejemplo a Martín Lutero en el siglo dieciséis: Dios le abrió los ojos para que viera que el hombre es justificado por la fe. Esto no quiere decir que antes de Lutero no existía tal realidad; ya existía la justificación por la fe, pero él la descubrió en una forma más definida. El entendimiento de Lutero fue extraordinario en cuanto a esta verdad. En consecuencia, la justificación por la fe llegó a ser la “verdad presente” de esa era.

Cada obrero del Señor debe preguntar a Dios cuál es la verdad presente. Debemos preguntarle: “Dios, ¿cuál es la verdad presente?” Aunque en la Biblia hay muchos temas importantes y cruciales, es necesario conocer la verdad actual. No sólo debemos conocer las verdades generales, sino que también debemos entender claramente la verdad presente.

LAS VERDADES RECOBRADAS
DURANTE EL SIGLO DIECISÉIS

Desde el siglo dieciséis en adelante, Dios ha estado recobrando diferentes verdades. La era de la Reforma, que transcurrió durante el siglo dieciséis, fue una época de cambios monumentales en el campo religioso. Esto no quiere decir que antes de ese siglo no se hubiese recobrado nada, pues sí se recobraron algunas verdades; sin embargo, desde el siglo dieciséis en adelante hubo cambios notables. Podemos clasificar la historia a partir de la era de la Reforma en cuatro períodos: el primero, la era de la Reforma; el segundo, el período después de la Reforma, del siglo dieciséis al dieciocho; el tercero, el siglo diecinueve; y el cuarto, el siglo veinte.

Primeramente, examinemos la Reforma que Lutero suscitó. Cuando él fue levantado por Dios, vio la luz y propuso que el hombre se volviera a la verdad que está en la epístola a los Romanos. Actualmente, muchos consideran la obra de Lutero como un movimiento político; sin embargo, cuando leí sus escritos y su diario, me enteré de que sus motivos y metas eran correctos. En particular, lo más sobresaliente fue que él recobró la verdad de la justificación por la fe. Por supuesto, Dios no recobró todas las verdades por medio de él, pues aunque Lutero recobró la verdad de la justificación por la fe, no hizo cambios completos con respecto a la iglesia. Por ejemplo, él todavía aprobaba la iglesia estatal y estaba de acuerdo con que ésta fuera parte del estado. Puesto que él no recibió luz en cuanto a estos aspectos de la iglesia, al poco tiempo la denominación Luterana llegó a ser la religión estatal de Alemania. El propio Lutero dijo que la iglesia no debía ser controlada por el estado; no obstante, creía que los asuntos administrativos no pertenecían al Lugar Santo porque eran temporales y pertenecían al atrio. Por tanto, no resolvió esta cuestión de manera cabal. Dios permitió que la administración de la iglesia quedara sin resolverse durante el tiempo de Lutero, y aunque este asunto no fue recobrado, la verdad de la justificación por la fe sí lo fue. Dios desenterró esta verdad de entre las tradiciones, las opiniones y los credos, e hizo que fuese difundida y predicada una vez más. Cualquier persona que hubiera nacido en esa era, debía predicar esta verdad y exhortar a otros a seguirla; de lo contrario, no sería contado como fiel obrero de Dios en esa era.


EL RECOBRO DE LA VERDAD
DESDE EL SIGLO DIECISÉIS AL DIECIOCHO

Después de la Reforma llegamos al período comprendido entre el siglo dieciséis y el dieciocho. En 1524 surgieron en Alemania los anabaptistas, un grupo de creyentes que consideraban nulo el bautismo de infantes que se hacía por aspersión y, por ende, bautizaba a los creyentes adultos. Ellos seguían a los hermanos predecesores de Lhota, quienes predicaban que el creyente debe bautizarse después de creer. Antes, tanto la Iglesia Católica Romana como la Luterana bautizaban a los niños rociándoles agua. Los anabaptistas no sólo predicaban la verdad de la justificación por la fe, sino que avanzaron y bautizaban a los creyentes que habían sido justificados por la fe. Después de que la Iglesia Anglicana fue establecida en Inglaterra, los anabaptistas afirmaron que la iglesia no tenía nada que ver con la política, y por esta razón fueron perseguidos y exiliados.

Doce años después, en 1536 Dios levantó a Juan Calvino, quien fue uno de los vasos más útiles para Dios en esa era. Calvino fue perseguido en todas partes: primero en Suiza y luego en Alemania. Dondequiera que iba encontraba oposición y exilio, hasta que finalmente, en Escocia, tuvo un nuevo comienzo y allí estableció la Iglesia Presbiteriana de Escocia.

En Inglaterra, a finales del siglo dieciséis y principios del diecisiete, se formó la Iglesia Anglicana; éste fue el inicio de la iglesia estatal en ese país. Pese a que la Iglesia Anglicana se liberó de la influencia de la Iglesia Católica Romana, aun así se ligó a la política británica, por lo cual se levantaron disidentes en Inglaterra. Estos disidentes se opusieron a la religión estatal ya que no compartían las mismas opiniones; ellos procuraban lograr la separación entre la iglesia y el estado, y afirmaban que la iglesia no debería estar bajo el control del estado. Aunque denunciaban osadamente los errores de la iglesia estatal, ellos mismos no se apegaron plenamente a las enseñanzas del Nuevo Testamento.

Durante esa época Dios levantó en Alemania a Felipe Jacobo Spener, quien fue pastor en 1670 de la Iglesia Luterana en Frankfurt. Para entonces, la denominación Luterana se había convertido en una religión formal. Al leer la Biblia, Spener descubrió que la iglesia estaba llena de opiniones humanas, lo cual Dios desaprobaba. Spener vio que los creyentes deberían regresar a las enseñanzas del Nuevo Testamento y, por esta razón, guió a los creyentes a practicar 1 Corintios 14. En sus reuniones enseñaba a rechazar los ritos tradicionales y a seguir al Espíritu Santo. Lamentablemente, esta práctica no duró mucho tiempo.

En 1732 nació en Moravia el primer cuerpo de misioneros, los hermanos moravos. Ellos fueron el primer grupo de hermanos en salir por todo el mundo a evangelizar; el ochenta y cinco por ciento de ellos llegaron a ser misioneros que laboraban en el extranjero. El comienzo de los hermanos moravos se remonta a un hermano llamado Cristian David, quien fue regenerado a los veintidós años de edad. Antes de ser salvo, había viajado infructuosamente por todas partes buscando la verdad acerca de la salvación, pero un día halló el camino y fue salvo. Entonces, regresó a Moravia, su pueblo natal, donde empezó a proclamar esta verdad con denuedo. Dios hizo una gran obra por medio de él. A causa del avivamiento que surgió, fue perseguido y exiliado a Sajonia. Allí se encontró con el conde Zinzendorf, quien en aquel entonces sólo tenía veintidós años de edad y era miembro de la aristocracia de un pequeño reino. Debido a la persecución que había en Moravia, los hermanos huyeron de esa tierra y fueron recibidos por el hermano Zinzendorf en su territorio, donde empezaron la Iglesia Morava. Morando en las colinas de Sajonia, comenzaron a edificar una comunidad, a la cual gradualmente se unieron diferentes grupos de cristianos que huían de la persecución.

Entre los emigrantes llegó un negro de las Antillas llamado Antonio. Después de haber encontrado a los hermanos, les presentó la situación de las Antillas, y algunos de los hermanos sintieron la necesidad de ir allá a predicar el evangelio. Echaron suertes y escogieron a varios obreros para que fueran con Antonio en una misión evangelística; ellos constituyeron la primera labor misionera en el extranjero, alrededor de 1732. De ahí en adelante, salieron muchos misioneros de entre ellos, y la Iglesia Morava llegó a ser el cuerpo más sólido de misioneros en ese entonces. Sus miembros se esparcieron a todos los rincones del mundo.

Al mismo tiempo, el Señor había levantado un grupo de personas espirituales dentro de la Iglesia Católica. El más destacado entre ellos fue Miguel de Molinos (1640-1697). El escribió un libro llamado La guía espiritual, en el que enseña que uno debe negarse a sí mismo y morir con el Señor; este libro influyó en muchos durante esa época. Uno de sus contemporáneos fue la señora Guyón (1648-1717), quien conoció aún más profundamente las experiencias de negar el yo y unirse a la voluntad del Señor; su autobiografía tiene un gran contenido espiritual. Además, el padre Fenelón, un obispo de esa época, estuvo dispuesto a sufrir por el Señor y laboró juntamente con la señora Guyón. Por medio de todos ellos, Dios comunicó muchos mensajes espirituales. En ese entonces las personas que tenían experiencias espirituales profundas se encontraban en la Iglesia Católica, ya que el protestantismo solamente prestaba atención a la doctrina de la justificación por la fe.

A la par de estos tres vivió Gottfried Arnold, quien escribió muchos libros en cuanto a la iglesia. El llegó a la conclusión que la iglesia se había desviado de la verdad y debía regresar a lo revelado en el Nuevo Testamento para ser edificada. Aquí podemos ver dos corrientes: la de los creyentes como Molinos, Guyón y Fenelón; y la de los creyentes representados por Arnold. En nuestra revista El testimonio actual, publicamos el artículo La corriente del Espíritu, escrito por la señora Guyón. Por medio de sus escritos podemos ver que ella verdaderamente era una persona espiritual. En cuanto a Arnold, él mayormente recobró asuntos más externos, pues propuso que los cristianos regresasen a lo que está escrito en el Nuevo Testamento.

Estas dos corrientes se unieron en 1700 cuando nació la iglesia “en Filadelfia”, que significa “amor fraternal”. En ese tiempo, al leerse los capítulos dos y tres de Apocalipsis, se comprendió que el protestantismo realmente había salido del catolicismo; sin embargo, como resultado llegó a ser sólo la iglesia en Sardis, por lo cual no hubo un recobro completo.

A diferencia de otras organizaciones, ellos no llamaban a las personas a salir de los grupos religiosos en donde estaban ni insistían en que salieran de sus denominaciones; sencillamente se reunían por todas partes. Desde el año 1670 en adelante, las reuniones de ellos surgieron una tras otra, y su testimonio se manifestó en Inglaterra, en lugares tales como Leeds y Bradford. Ellos llegaron a ser los testigos más fieles del siglo dieciocho. Aunque Zinzendorf trató de absorberlos en la Iglesia Morava, no lo logró.

A principios del siglo dieciocho hubo un gran avivamiento en Inglaterra. En 1729 Dios levantó a los dos hermanos Wesley, y por medio de ellos trajo un enorme avivamiento, el cual fue el comienzo de la Iglesia Metodista. Los hermanos Wesley, a quienes llamaban metodistas, fueron las figuras clave del siglo dieciocho. Antes de ser salvo Juan Wesley se esforzaba por ser bueno, y aunque no era salvo, se fue a los Estados Unidos como misionero. El testificaba que, pese a haber escuchado la verdad de la justificación por la fe, nunca pudo comprenderla. Más tarde un hermano moravo lo ayudó diciéndole: “Sólo predica la justificación por la fe hasta que tú mismo estés seguro de que has sido justificado por la fe”. Al poco tiempo fue salvo. Después de recibir la salvación, los dos hermanos inmediatamente empezaron a predicar este mensaje por todas partes. En aquel entonces no se permitía predicar el evangelio al aire libre; sólo se podía predicar dentro del santuario porque se pensaba que la Palabra santa debía proclamarse solamente en un lugar santo. No obstante, estos dos hermanos, junto con Jorge Whitefield, empezaron a tener reuniones al aire libre y así trajeron muchas personas al Señor. El tema principal de los mensajes de Juan Wesley era la doctrina de la santificación. Con él empezó la enseñanza de la erradicación del pecado, aunque también enseñó que la santificación venía por la fe.

El movimiento misionero al extranjero comenzó después de la muerte de Wesley, y la primera organización que se estableció fue la “Sociedad Misionera de Londres”. Aunque esta institución empezó sin ninguna afiliación denominacional, más tarde quedó bajo la directiva de los congregacionalistas. En 1799 la Iglesia Anglicana formó la Sociedad Misionera Eclesiástica (C.M.S.). Los metodistas también agrandaron el campo de su organización misionera, y formaron la presente Sociedad Misionera Metodista.

En conclusión, las reformas del siglo dieciséis tuvieron gran difusión mientras que las del siglo dieciocho no. Las reformas del siglo dieciséis afectaron al mundo no sólo espiritualmente, sino también política y socialmente; las del siglo dieciocho mayormente ejercieron una influencia espiritual. El movimiento más notable del siglo dieciocho fue el testimonio de la iglesia en “Filadelfia”, ya que ellos asimilaron lo que había sido recobrado anteriormente y retuvieron todas las verdades principales.

17.7.11

UN LLAMADO

¿Qué estamos haciendo hoy? Debemos responder al igual que Juan el Bautista y decir que somos una voz que clama en el desierto (Jn. 1:23). Nuestra obra consiste en hacer un llamado a los hijos de Dios a que regresen al propósito central de Dios, que tomen a Cristo como centro en todo, y que tomen Su cruz, Su resurrección y Su ascensión como la base de todo. Este es el mensaje de los capítulos uno y tres de Colosenses. Conocemos la posición que la iglesia tiene en el Nuevo Testamento y comprendemos que su posición es muy elevada y espiritual. Agradecemos a Dios por la ayuda que nos ha concedido mediante los misioneros; sin embargo, Dios hoy nos está mostrando que debemos regresar a Su propósito central. Nuestra obra actual consiste en regresar al terreno bíblico de la iglesia.

Todas las verdades que Dios revela toman como punto de partida la iglesia. Dios primeramente puso a Pablo en la iglesia que estaba en Antioquía. Más tarde, Pablo fue enviado a la obra desde la iglesia en Antioquía. Todas las verdades que predicamos hoy tienen la iglesia como punto de partida. Esta es nuestra obra y nuestro testimonio.

Debemos darle menos importancia a las verdades secundarias. Debemos hacer lo posible por mostrar que el Señor es la Cabeza sobre todas las cosas. No estamos aquí para perturbar las iglesias, sino que deseamos regresar a la obra inicial de los apóstoles. Debemos ser cuidadosos en todo lo que hacemos, aprendiendo a rechazar lo que venga del hombre y esforzándonos por recibir lo que provenga de Dios.

Watchman Nee